Stories of Hope

See how organ, eye and tissue donation has healed lives.

Christopher, beneficiario de corazón

Christopher era un bebé sano y feliz hasta que comenzó a padecer problemas respiratorios a los 15 meses de edad. Al principio, parecía que Christopher sufría de asma o bronquitis; sin embargo, varias visitas al médico resultaron en un diagnóstico mucho más serio: Christopher tenía cardiomiopatía restrictiva. Su corazón se había agrandado y no podía funcionar correctamente. Sin un trasplante de corazón, Christopher solo tendría 12 meses de vida.

Mientras los padres de Christopher intentaban procesar esta desgarradora noticia, encontraron que la decisión de buscar un nuevo corazón para Christopher no era fácil para ellos. Les costó asimilar la idea de que para que Christopher tuviera un nuevo corazón, el hijo de otra persona tendría que morir y ser un donante. Finalmente, tomaron la decisión de ponerlo en la lista de espera nacional de trasplantes en enero de 2008.

Después de eso, no había nada más que hacer excepto esperar, al tiempo que la afección de Christopher empeoraba rápidamente. Fue ingresado en el hospital en tres ocasiones diferentes; y en abril de 2008, Christopher se puso tan enfermo que los

médicos no pensaban que sobreviviría. Sorprendentemente, seguía con vida, pero su familia estaba muy preocupada.

“Sentíamos que nos enfrentábamos a una bomba de tiempo”, afirma la madre de Christopher, Alma. “Nos sentíamos completamente impotentes y tratábamos de no perder la esperanza”.

Casi cinco meses después de que Christopher ingresara en la lista para un trasplante, Alma lo estaba bañando en el lavaplatos de la cocina cuando recibieron la llamada de que un corazón compatible había sido donado. El 27 de mayo de 2008, Christopher recibió su nuevo corazón.

Su mejoría de salud fue tan evidente casi de la noche a la mañana. Antes de la cirugía, Christopher estaba retrasado en términos de su desarrollo. No solo no caminaba ni gateaba, sino que ni siquiera podía sentarse por sí mismo y pasaba sus días apoyado en un asiento de seguridad. Apenas dos semanas después del trasplante, Christopher estaba listo para dar sus primeros pasos. Pero no caminó, sino que corrió directamente a los columpios del parque.

Hoy, nadie podría imaginar que Christopher estuvo tan enfermo. Su energía es inagotable y tiene una vida plena y saludable. Siempre está probando cosas nuevas y le encanta bailar, jugar fútbol y practicar taekwondo con sus dos hermanos mayores. Christopher habla abiertamente acerca de su trasplante de corazón a cualquier persona que lo quiera escuchar, y participa como voluntario en su comunidad para promover el registro de donantes de órganos y tejidos.

“Gracias al regalo de su donante”, dice Alma, “Tengo muchos años por delante de abrazos y besos de Christopher que no habría tenido de otra manera. Por eso, estaré eternamente agradecida”.

 

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