Stories of Hope

Angie, receptora de córnea

Un rasguño accidental en el ojo izquierdo le provocó a Angie un daño permanente en la córnea y su vista disminuyó rápidamente.  Angie era estudiante universitaria en la ciudad de Nueva York en ese entonces. Le costaba leer para las clases, tenía dificultad para rendir los exámenes y ya no podía viajar a la universidad en el metro. Un trasplante de córnea la salvó de una eventual ceguera, posibilitándole nuevamente una experiencia de vida plena  y permitiéndole continuar con su carrera ayudando a niños en comunidades en desventaja.

Cornea Recipient - AngieUn trasplante de córnea salva a Angie de la ceguera, permitiéndole dedicar su vida a ayudar a otros

Angie era una estudiante universitaria de 19 años en la ciudad de Nueva York cuando se rasguñó la córnea del ojo izquierdo de manera accidental, mientras se quitaba los lentes de contacto.  Suponiendo que el ojo se curaría solo, se fue a dormir y al despertarse a la mañana siguiente descubrió que apenas podía ver con el ojo lastimado.  La infección se curó gracias al tratamiento con un antibiótico, pero el tejido cicatrizal resultó en daño permanente de la córnea y causó la disminución súbita y rápida de la vista.

La pérdida de la vista tuvo un impacto inmediato en la rutina diaria de Angie. Le costaba seguir el ritmo de la gran cantidad de lecturas para sus clases y tenía que sentarse en un salón  especialmente iluminado para rendir los exámenes.  No pudo seguir yendo a la universidad en metro porque con la iluminación subterránea, oscura,  no podía leer los números de los trenes que se acercaban.  Dolorida y agobiada, temía quedarse ciega de manera permanente. Sus temores se transformaron en esperanza cuando el doctor le dijo que podría restaurarle la vista por medio de un trasplante de córnea de un donante de tejido ocular.

Han pasado cinco años desde la operación. El trasplante le ha dado mucho más que la posibilidad de ver otra vez.  Luego de completar sus estudios universitarios, Angie continuó estudiando hasta obtener su maestría y ahora está trabajando como trabajadora social en una escuela ayudando a niños en crisis.  Angie pasa su tiempo libre asistiendo de manera voluntaria a los jóvenes en comunidades en desventaja y está actualmente haciendo otra maestría para llegar a ser enfermera profesional.  El trasplante también la ayudó a adoptar un estilo de vida más saludable: perdió 95 libras (43 kilos) desde la cirugía.

El trasplante fue una experiencia transformadora para Angie.  Aborda cada día valorizando más lo que es capaz de hacer, grande o pequeño, y siente que es más consciente de los desafíos a los que otras personas se enfrentan y es más solidaria con ellas. Angie se siente agradecida por la oportunidad que tiene de seguir sus sueños gracias a que el donante lo hizo posible.

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